Mazda Kiyora: un auto de ensueño.

No se equivoque, el Mazda Kiyora no es un auto concepto. Al menos, no como típicamente se usa el término en estos días, cuando lo que se presenta como una idea sobre el futuro es de hecho un auto de próxima producción apresuradamente remodelado, presentado para preparar con anticipación a la opinión pública: "Vaya, el nuevo Thingamajig surgió del auto concepto Chimera". De ninguna manera veremos versiones del Kiyora en las calles pronto. O alguna vez.
No, el Kiyora es un auto de ensueño en su totalidad, tan lejos de su producción como hace tiempo el Cadillac Cyclone y simplemente igual de maravilloso en su propio estilo. Creado dentro de la filosofía nagare -- o flujo -- que ha sido el fundamento de los últimos cinco autos concepto de Mazda, el Kiyora es bastante pequeño, un auto urbano dos más dos con suficientes detalles de superficie cóncava y conversa para adornar tres o cuatro BMW de "superficie con apariencia de llamas". Lleva el tema del flujo al máximo, en el sentido de que las ranuras en el panel del techo están realizadas de plástico traslúcido para canalizar el agua de lluvia a un sumidero en la parte posterior que contiene un filtro de carbón vegetal activado, desde donde es dirigida hacia el frente a un elegante frasco entre los asientos delanteros.
El frasco tiene un sistema de filtración Lifesaver patentado que usa membranas tubulares con perforaciones tan finas -- 15 nanómetros -- que los virus y bacterias no pueden atravesarlas. Todo esto es parte de un esfuerzo consciente por presentar al Kiyora como "el Auto Urbano Amistoso con la Ecología". Los cuatro diseñadores principales, el administrador de proyecto belga Jo Stenuit, el estilista de exteriores francés Mickael Loyer, su compatriota y diseñador de interiores Gregory Vera y el estilista de exteriores italiano Luca Zollino, nos dijeron que concibieron el auto no sólo con un refugio contra el mundo exterior, sino también como un espacio abierto al mundo por medio de la extensa semitransparencia, incluido el techo de policarbonato ranurado. Su intención fue agradable y divertida, aunque no se basó particularmente en la realidad comercial, y resulta evidente que se entusiasmaron enormemente con el proyecto.
Los asientos del frente son voladizos desde el centro, y los asientos traseros de uso ocasional están hechos de una tela de vinil elástica que permite que un panel de separación se deforme en asientos traseros o sea empujada hacia el frente por el equipaje para aumentar el espacio del maletero. Gran parte del interior es tan complejo que sólo la estereolitografía, en la cual las partes son construidas como si fueran de hojas de delgado papel, podía lograr las formas deseadas. El lado derecho del panel de instrumentos demuestra esto evidentemente. Dentro de esa escultura compleja y en capas hay un gran bloque de carbono activado, el cual captura las toxinas del aire entrante sin ventilador eléctrico ni materiales inorgánicos.
Con el agua y su fluidez como la idea unificadora principal, se eligió la tonalidad verde azulada tanto en su interior como en su exterior para expresar la naturaleza visual del agua, tal como cambia de color con la profundidad, la temperatura y el estado; se supone que el piso luce como hielo. Los paneles de las puertas son traslúcidos, y la estructura protectora contra impactos laterales está contenida en la viga que contiene las agarraderas y manijas de las puertas. Sentarse en el Kiyora es bastante agradable, pues el colorido y las formas ofrecen una sensación de calma de otro mundo; un estado de ensueño, de hecho.











